Akatz – Vuelta y vuelta

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15 julio, 2015 at 14:42  •  Publicado en Discos por  •  0 Comments

Akatz - Vuelta y Vuelta
¡Qué duras las gaupasas! Ya no se apiadan de nada ni denadie. Uno siempre intenta verlo en positivo y aunque 23 años no sean nada, cada uno de ellos pesa como una losa y hace mella en los cuerpos castigados por interminables noches de alcohol, juerga y sustancias psicotrópicas administradas a granel.

Tampoco es cuestión de torturarse con ello. Akatz ya no son aquellos muchachitos cándidos e inocentes que se aventuraban en un local del islote de Bakio, en la Euskadi tropikal en manga larga, con un proyecto incipiente que atacaba por igual al ska que al reggae, lo mismo en inglés que en euskara o castellano.

Cuando aterrizaron anoche en la fiesta de alumnos del 73, aún calentaba el ambiente desde la cabina un tal Dj Makala, y los vividores que se dieron cita en la pista central de la 7ª planta del antiguo Gaztetxe Kukutxa, disfrutaban de una sesión de ritmos rudos: ska, roots y rocksteady en 7 pulgadas. Sí, pero también pildorazos de soul, funk, modern jazz y bugalú, porque otra cosa no será, pero el tal Dj Makala es un hijoputa con swing que sabe cómo hacer menear las posaderas a los parroquianos a base de groove sin complejos. Será el hechizo de Benny Goodman que a todos cautiva.

Algunos de los músicos aprovechan la coyuntura para cenar en condiciones, comida casera de esa que siempre sienta bien, mientras el tipo del sombrerito de ala corta y el traje entallado que responde al alias de Dr. Baltz dirige sus pasos hacia esa chica tan espectacular a la que hacía 16 años que no veía. No era buena y ella bien lo sabía, pero conservaba un exquisito gusto en el vestir y tenía en sus caderas la clave para embelesar al pobre incauto del Dr. Baltz. De hecho, desde aquella lejana cita en la que ella le soltara el consabido “que te vaya bonito”, él se había quedado esperando su calor por si se decidía a volver con él. Cuando la conversación entre ambos expira, cuando ya se han puesto al día de sus vidas, cuando Dr. Baltz constata que es un tipo solitario y que su vida es un bajón, ahí están sus compañeros de la banda para bromear y levantarle el ánimo. “Olvídala, no seas aguafiestas”, le piden sus amigos. No se encuentra bien y la angustia que tiene no hay nada que la pueda calmar salvo que canalice su ansiedad abandonándose al baile y no le dé más vueltas a este asunto del pasado. Al fin y al cabo, el daño hecho, hecho está, y aunque intentes compararse, nunca será Urtain.

Cuando quieren darse cuenta, alguien ha encendido las luces. Luces y luces. Todos son luces. ¿Dónde está la noche? Ya pasó. A diferencia de Jamaica -la tierra prometida en la que nunca reina la paz y cada noche es susceptible de una nueva celebración-, en Babilonia cuando llega el amanecer del domingo, todo llega a su fin y aunque desde la cabina el tal Dj Makala se afane en pedir a los asistentes lo que quiere -“más ruido, mucho más ruido”-, ya no hay marcha atrás. Chispea txirimiri en el rudo Bilbao. “Nos vemos en la próxima”, se despiden.
Amén.
Larry ACR